Cinco niños refugiados de Georgia regresan a su país después de casi dos meses con familias voluntarias de la Comunidad de Madrid
Madrid, 30 de agosto de 2026.
Hay despedidas que no son fáciles. Y la que han vivido este 30 de agosto las cinco familias de la Comunidad de Madrid que durante todo el verano han acogido en sus hogares a cinco niños refugiados procedentes de Georgia ha sido, sin duda, una de ellas.
Después de casi dos meses compartiendo desayunos, excursiones, juegos, conversaciones, comidas familiares y momentos cotidianos, ha llegado el momento de decir adiós. Los niños regresan a Georgia, pero dejan atrás algo que no cabe en ninguna maleta: los recuerdos de un verano vivido en familia y los vínculos creados con quienes, durante estas semanas, han sido mucho más que sus familias de acogida.
Desde el primer encuentro en Madrid, el pasado 5 de julio , hasta esta despedida del 30 de agosto , se ha construido una historia de solidaridad, afecto y convivencia.
Para las familias acogedoras, la experiencia comenzó abriendo las puertas de sus hogares. Con el paso de las semanas, esas puertas se convirtieron también en puertas abiertas al cariño, al conocimiento de otra cultura y a una relación humana que continuará mucho después de que los niños hayan regresado a Georgia.
Porque el acogimiento temporal no consiste únicamente en ofrecer a un niño unas vacaciones diferentes. Significa compartir con él una parte de nuestra vida y permitirle descubrir durante unas semanas un entorno de tranquilidad, afecto y seguridad.
En el momento de la despedida se mezclaron las lágrimas con las sonrisas. Los abrazos se prolongaron unos segundos más de lo habitual y las palabras, en algunos momentos, dejaron paso a las miradas.
Los niños regresan a Georgia con sus familias y con la ilusión de volver algún día. Las familias madrileñas, por su parte, se quedan con fotografías, recuerdos y la certeza de haber vivido una experiencia que difícilmente olvidarán.
Son despedidas que duelen precisamente porque ha habido cariño.
Pero este viaje de regreso tiene también un significado especial.
Los niños no regresan a Georgia solamente con sus pertenencias personales y los recuerdos de su estancia en España.
En sus equipajes llevan también ordenadores portátiles destinados a poner en marcha un aula informática en uno de los colegios donde estudian niños refugiados .
De esta manera, el gesto solidario de las familias y de la Fundación Integración y Solidaridad (FINSOL) va mucho más allá de los cinco menores acogidos este verano.
Cada ordenador representa una oportunidad para otros niños que permanecen en Georgia.
Una herramienta para aprender.
Una ventana al conocimiento.
Una posibilidad de acceder a las nuevas tecnologías y de ampliar sus oportunidades educativas.
La iniciativa se enmarca en la trayectoria de cooperación que FINSOL mantiene con Georgia desde 1992 . Durante estas más de tres décadas, la Fundación ha desarrollado programas de acogimiento temporal y diferentes proyectos de ayuda humanitaria y educativa destinados especialmente a niños refugiados.
Entre estas actuaciones se encuentra la colaboración para facilitar estufas en colegios de niños refugiados , ayudando a mejorar sus condiciones durante los meses de frío, así como la creación y equipamiento de aulas informáticas .
Así, mientras cinco niños regresan a sus hogares después de haber disfrutado de un verano diferente, otros muchos niños podrán beneficiarse de la solidaridad que viaja en sus maletas.
El presidente de la Fundación Integración y Solidaridad, D. Julio García Carpio , ha querido destacar el significado de esta experiencia:
“Hoy despedimos a cinco niños que durante estas semanas han formado parte de nuestras familias. Es inevitable sentir tristeza al verlos marchar, porque cuando se comparte la vida cotidiana, los afectos crecen y los vínculos se hacen fuertes. Pero también sentimos una enorme satisfacción al saber que regresan a Georgia llevando consigo el recuerdo de un verano lleno de cariño, nuevas experiencias y amistades que permanecerán en el tiempo.”
El presidente ha querido agradecer especialmente a las familias voluntarias su compromiso:
“Las familias de acogida son el corazón de este programa. Ellas demuestran que la solidaridad no consiste solamente en dar, sino también en compartir. Han compartido su casa, su tiempo, sus costumbres y, sobre todo, su cariño. Gracias a ellas, estos niños han podido vivir durante unas semanas una experiencia de tranquilidad y felicidad.”
Y ha añadido:
“Pero hoy queremos recordar también que la solidaridad no termina con el regreso de los niños. Por eso nos emociona especialmente que en sus equipajes viajen los ordenadores que permitirán crear un aula informática para otros niños refugiados. Es una manera de que este verano continúe dando frutos cuando ellos ya estén de vuelta en Georgia.”
El avión regresará a Georgia, las familias volverán a sus hogares y el verano de 2026 quedará atrás.
Pero la historia no termina aquí.
Quedarán las fotografías, las llamadas, los mensajes, los recuerdos y, sobre todo, una relación humana que ha nacido entre personas de dos países separados por miles de kilómetros.
Y quizá el próximo verano nuevas familias de la Comunidad de Madrid decidan abrir sus hogares a otros niños.
Porque cada acogimiento demuestra que un pequeño gesto puede tener consecuencias enormes.
Un niño que llega con una maleta puede regresar llevando consigo el recuerdo de una familia.
Y esta vez, además, cinco niños regresan llevando en sus equipajes una herramienta que permitirá a otros niños refugiados aprender, descubrir y mirar hacia el futuro .
Más de tres décadas tendiendo puentes entre Georgia y España a través de la solidaridad, el acogimiento y la cooperación.
Tres Cantos (Madrid) [email protected]